Los que por nuestro trabajo tenemos la obligación de viajar y utilizar los transportes públicos, gozamos de la oportunidad de conocer a muchas personas de diferentes culturas e ideologías. Se entablan conversaciones para matar el tiempo en las horas de espera en aeropuertos, estaciones de trenes, de autobuses,... que te enriquecen y te ayudan a tener una visión más global de nuestra sociedad a la que debemos saber escuchar, respetar y aceptar sus diferentes confesiones -dígase religiosas, políticas,...-.
Este encuentro coyuntural con tantísimas personas te invita a entablar relaciones con cierta asiduidad; y es precisamente aquí, en estas conversaciones con desconocidos, con los que aparentemente no tienes nada en común, cuando aparece Fray Leopoldo de Alpandeire. Al confesarle que tú eres capuchino, inmediatamente responden: «¡Como Fray Leopoldo!». Pero ahí no queda la cosa; el sorprendido viajero saca su cartera y muestra la estampa del Beato que ocupa un lugar privilegiado junto a la foto de su mujer, madre o hijos.
Si recorremos la vida del humilde limosnero y nos detenemos en sus orígenes: hijo de una humilde familia de campesinos del siglo XIX, época en la que existían grandes dificultades y desigualdades sociales (analfabetismo, pobreza, incomunicación, explotación,...), nos resulta difícil comprender cómo Fray Leopoldo de Alpandeire, un joven campesino primero y un humilde limosnero después, haya sido y siga siendo un profeta en nuestros días para todas aquellas personas que buscan encontrarle sentido a los muchísimos sinsabores que conlleva nuestra existencia.
Humanamente hablando, no se puede explicar el origen de la Iglesia de Jesús. No tiene sentido que Jesús, hijo de Dios, escogiera como madre a una humilde joven campesina; no tiene sentido que naciese en el lugar más humilde: una cuadra de animales, como no se puede comprender que durante treinta años viviera sujeto a la economía de un humilde carpintero. Recordemos que en sus tres años de vida pública, en más de una ocasión repitió: «Las aves tienen sus nidos y las raposas sus guaridas, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza».
Pero hay algo más incomprensible: Jesús constituye su Iglesia eligiendo como apóstoles a doce humildes aldeanos. Y esto, ¿cómo se explica? Cómo se explica que una institución creada sobre la base de un grupo de hombres humildes y es, hoy por hoy, la institución más grande del mundo. Sólo se puede justificar reconociendo la fuerza del amor. Igualmente no podemos explicar el misterio de Fray Leopoldo si prescindimos del misterio del amor de Dios, del que se llenó completamente, vaciándole de sí mismo.
Hoy por hoy, el humilde Fray Leopoldo de Alpandeire, el limosnero de Granada, es un referente para la sociedad del siglo XXI que vive atrapada en el consumo, la competitividad y sin tiempo para descubrirse a si mismos.
Cuántos hombres de ciencia han pasado por la Universidad de Granada, cuántos obispos, cuántos políticos, cuántos artistas, cuántos y cuántos hombres y mujeres ilustres,... Y ¿quién se acuerda de ellos? Sin embargo, allá por donde vayas, no sólo en Granada, nombras a Fray Leopoldo y a todos se les ilumina la cara. El humilde limosnero, este andaluz universal, es un rayo de luz y esperanza para los hombres y mujeres que buscan encontrarle sentido a sus vidas en esta sociedad trepidante y alocada.
Fray Leopoldo de Alpandeire será beatificado el 12 de septiembre de 2010, 49 años después de que se iniciara el proceso que ha culminado con la firma del decreto por el Papa Benedicto XVI. El acto solemne de beatificación tendrá lugar en la Base Aérea de Armilla de Granada, y a ella se espera que asistan más de un millón de personas. Ideal.es ofrece desde este espacio, toda la información sobre el proceso de beatificación y todo cuanto atañe a la vida y obra de Fray Leopoldo.
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