fray-leopoldo-pequeFray Leopoldo de Alpandeire será beatificado el 12 de septiembre de 2010, 49 años después de que se iniciara el proceso que ha culminado con la firma del decreto por el Papa Benedicto XVI. El acto solemne de beatificación tendrá lugar en la Base Aérea de Armilla de Granada, y a ella se espera que asistan más de un millón de personas. Ideal.es ofrece desde este espacio, toda la información sobre el proceso de beatificación y todo cuanto atañe a la vida y obra de Fray Leopoldo.

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El pueblo lo hizo santo
Escrito por JOSÉ LUIS KASTIYO   
Lunes, 13 de Septiembre de 2010 11:54
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retrato-fray-leopoldo-imagenHay una pregunta en el aire que busca una respuesta concreta. ¿Cuándo la santidad de Fr. Leopoldo comenzó a ser notoria? Para ello hemos indagado en el voluminoso expediente de más de mil páginas en el que se analizan los aspectos de la vida y la obra del frailecillo limosnero, expediente que se inicia en 1961. La primera referencia que encontramos viene dada en las declaraciones del P. Félix de Lopera quien como testigo número 11 del Proceso Informativo manifestó en su día lo siguiente: «Entré yo en 1911 como alumno seráfico en el Colegio de Antequera y ya oía hablar de la humildad, sencillez y santidad del Siervo de Dios». Es decir, sólo once años después de haber tomado los hábitos capuchinos ya se comentaba entre los religiosos de la Orden acerca de la santidad del Beato. Poco después, según aporta al mismo Proceso el P. Serafín de Ausejo «teniendo 17 años y siendo estudiante de latín en Antequera (1916-1920) ya empecé a oír hablar de Fr. Leopoldo y de sus virtudes a otros religiosos que habían tratado con él». Destinado a Granada -se relata en el Proceso- también aquí, después de llevar pocos años como limosnero, ya se hablaba de sus virtudes y de su perfección; pero no sólo en el convento, también en la ciudad y en los pueblos cercanos.

El prestigio que emanaba de esas reconocidas virtudes superaba con creces el que pudiera derivarse de una preparación intelectual que el buen limosnero no poseía; eso explica que «los Padres de su convento difícilmente iban fuera a predicar o a cumplir cualquier otro ministerio sacerdotal, sin pedir antes al Siervo de Dios los tuviera presentes en sus oraciones», como declaran varios testigos en el mismo documento oficial. En esa misma realidad insiste Fr. Damián de la Rambla, testigo en el Proceso Cognitivo tramitado cuando dice: «Recuerdo que siendo su enfermero, todos los sacerdotes de nuestra Orden, en teniendo que salir a predicar, iban a su celda a pedirle a Fr. Leopoldo que rezara por el éxito de su predicación. También he visto a sacerdotes de otras Órdenes y del Clero secular acudir a él para encomendarse a sus oraciones o pedirle algún consejo y que, dándoselo, lo hacía con tanta humildad que más parecía que él se lo pedía al visitante».

En busca de reliquias

Por su parte, sus propios compañeros de Orden, pasado el tiempo, conscientes de la santidad de su Hermano, le sustraían en vida algunos de sus objetos personales para conservarlos como reliquia. Fr. Alejandro de Málaga, que lo cuidó como enfermero durante un tiempo, no duda en confesar su «pecado» en el mismo Proceso Cognitivo: «Recuerdo que el único cordón que tenía de repuesto se lo quité, pensando que ya había que ir preparándose de reliquias. Él me preguntó que si lo había visto y como no le di respuesta afirmativa, se calló. Igualmente hice con un pañuelo que también conservo: lo puso a secar en el espaldar de una silla, porque había echado sangre por la nariz. Ya no me volvió a preguntar más por ellos, a pesar de no tener más que el cordón puesto y los pañuelos escasos». Don Juan Martín López, peluquero de los frailes e igualmente testigo, expuso lo siguiente: «A veces los Hermanos se llevaban alguna cosilla de su habitación y él no decía nada. Estando enfermo, una vez un postulante, pensando que el Siervo de Dios se iba a morir, se llevó para tenerlo como reliquia sus gafas de sol. También algunas cosas pequeñas. Le cambiaron el rosario por otro y se llevaron el cordón... Esto lo hacían por tener algo del Siervo de Dios, como reliquia. Porque lo respetaban y le tenían veneración. Todo esto lo se por haberlo presenciado».

Su fama de santo era evidente en vida incluso en ámbitos más lejanos. A ese respecto, el mismo P. Damián aporta otro testimonio: «Recuerdo haberle visto un día hablando por teléfono (lo había llamado en conferencia desde Barcelona). Fr. Leopoldo decía «Sí, señor, ahora mismo se lo vamos a pedir a la Santísima Virgen y verá como Ella alcanza de Nuestro Señor lo que pedimos». Y el siervo de Dios rezó las tres Ave Marías, contestándole desde Barcelona el Santa María.»

Una vez fallecido, estando de cuerpo presente, y así lo recogió la prensa granadina, fueron muchos los fieles que quisieron tener una reliquia del fraile. Fueron innumerables las personas que acudieron al convento para ver al Siervo de Dios después de su muerte. Iban con mucha devoción y recogimiento pero fueron muchos los que cortaban alguna aparte del hábito o del cordón -éste fue preciso renovárselo ocho veces- mientras que otros pasaban por el cadáver medallas, rosarios o estampas.

 

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